Pastoral Thought 08/11/2019

For these two Sundays Jesus is teaching about our relationship to the goods of this world.  More exactly, about our relationship with Him, and how it affects our use of earthly goods.  He uses the world “Steward”:  a manager who acts on behalf of the owner.  Emphasis is put on a manager who “knows how to distribute the right food allowance to each employee at the proper time.”

The goods we own and the capabilities we have as we enter mature adulthood are God’s gift, to be accepted with gratitude.  Gratitude to God makes us ready to share in response to others need, according to our ability.  Those near us, neighbors and family, in their time of need have a claim to our generosity.  A disciple of Jesus gives out of love for Jesus who gave all for us.

Still, some human needs, the kind which degrade persons and force them into desperate, sometimes inhuman activities, are beyond our direct help.  They are the result of unjust systems in society or past evils, which have become entrenched in the lives of certain people.  They are beyond our individual charity.  But these dehumanized situations have a claim in justice on all in our society.  One claim I believe we must face is the poverty and inhuman living conditions that result from our consumerism.  We get and spend, and create vast waste in the worlds environment and endanger the economic security of whole peoples.  Very drastic changes in our use of material goods are needed.  Our “freedom” to consume we wish is subordinate to the needs of all for survival and a dignified human life.  We, Jesus’ disciples, are called to be stewards.

Fr. John Hynes

Para estos dos domingos Jesús está enseñando acerca de nuestra relación con los bienes de este mundo.  Más exactamente, acerca de nuestra relación con El, y cómo afecta nuestro uso de los bienes terrenales.  Utiliza el mundo "Steward": un gerente que actúa en nombre del propietario.  Se hace hincapié en un gerente que "sabe cómo distribuir la asignación de alimentos adecuada a cada empleado en el momento adecuado".

Los bienes que poseemos y las capacidades que tenemos al entrar en la edad adulta madura son el don de Dios, para ser aceptados con gratitud.  La gratitud a Dios nos hace estar listos para compartir en respuesta a las necesidades de los demás, de acuerdo con nuestra capacidad.  Los que están cerca de nosotros, los vecinos y la familia, en su momento de necesidad, tienen derecho a nuestra generosidad.  Un discípulo de Jesús da por amor a Jesús que lo dio todo por nosotros.

Sin embargo, algunas necesidades humanas, del tipo que degradan a las personas y las obligan a actividades desesperadas, a veces inhumanas, están más allá de nuestra ayuda directa.  Son el resultado de sistemas injustos en la sociedad o de males pasados, que se han arraigado en la vida de ciertas personas.  Están más allá de nuestra caridad individual.  Pero estas situaciones deshumanizadas tienen un reclamo en la justicia sobre todos en nuestra sociedad.  Una afirmación que creo que debemos afrontar es la pobreza y las condiciones de vida inhumanas que resultan de nuestro consumismo.  Obtenemos y gastamos, y creamos vastos residuos en el medio ambiente mundial y ponemos en peligro la seguridad económica de pueblos enteros.  Se necesitan cambios muy drásticos en nuestro uso de bienes materiales.  Nuestra "libertad" para consumir que deseamos está subordinada a las necesidades de todos para la supervivencia y una vida humana digna.  Nosotros, los discípulos de Jesús, estamos llamados a ser mayordomos.

P. John Hynes